Conoció Viña del Mar cuando estaba de luna de miel y los atractivos de esa ciudad lo llevaron a elegir este país como el lugar donde crecería su familia. Hoy ya lleva varios años establecido en Santiago, pero la historia de Carlos no empieza en estas tierras, sino que en su natal Venezuela. Estas son las definiciones que hacen a Carlos González Rosales ser el hombre que hoy es.
Cuando hablas con Carlos por primera vez, lo primero que te entrega es una sonrisa contagiosa. Dice tener alma de niño y es imposible no concedérselo, pues, a simple vista se observar su alegría y hasta cierta timidez al hablar. Le gusta ser honesto y evita el conflicto sin sentido.
Su forma de actuar frente a los demás lo ha llevado a ser muy estimado por quienes lo rodean. Recuerda con entusiasmo sus años de juventud donde gozaba de popularidad entre sus pares, y la energía propia de la edad, lo motivaba a descubrir nuevas experiencias y amistades.
Fanático de los Leones de Caracas -un equipo de béisbol en Venezuela-, admite no sentir gran simpatía por el fútbol ni tener intenciones de hinchar por un equipo nacional. Solo una persona con su carisma podría decir esto y seguir siendo querido por sus amigos chilenos.
Carlos es un hombre de amores muy tenaces, su familia sin duda es el primero de todos. En Venezuela vivió con su madre y su hermano mayor, a quien recuerda como la figura paterna de su niñez. Su madre, en tanto, es para él la máxima figura de admiración en su vida y la primera en incentivarlo a alcanzar sus objetivos en la vida.
Cuando habla de su pasado, Carlos menciona la casa de su abuela como el lugar donde más recuerdos bonitos posee. En ese lugar jugaba junto a sus primos y amigos con los que hoy, por la distancia y circunstancias de su país, ha perdido el contacto.
Actualmente Carlos tiene dos hijas de cinco y siete años y comparte su vida junto a su esposa por más de una década. Ellas son su pilar fundamental en esta tierra alejada de sus raíces, aunque confiesa que no quiere que ellas vivan alejadas de sus abuelos y parientes.
Pero si hablamos de pasiones, las motos ocupan un lugar especial en su vida. Fue el primer vehículo que tuvo en su adolescencia, y al día de hoy, lo siguen encantando. Comenta con tristeza que recientemente tuvo que vender su Yamaha MT-03, pues, su metro 87 de estatura no se plegaban muy bien a la moto.
Por ahora, Carlos atesora lo aprendido en la Academia de Motos, a la que asistió hace unos años en Chile, y encuentra “consuelo” en los grupos de Facebook y WhatsApp donde fanáticos de las motos comparten a diario contenido relacionado.
Carlos es Ingeniero Informático titulado en Venezuela, domina el inglés y siempre está renovando sus conocimientos. Cuando llegó a Chile partió realizando tareas lejanas a su área profesional, sin embargo, no tardó mucho en demostrar que sus capacidades debían ser aprovechadas de mucha mejor manera.
Si dispone de tiempos libres, le gusta leer sobre informática y aprender nuevas cosas en su trabajo. Y es que para Carlos, la profesión que eligió requiere estar permanente actualizándose, señala que quiere saberlo todo.
Cuando Carlos reflexiona sobre cómo quiere ser recordado, concluye que quiere ser alguien en el que se pudo confiar porque demostró saber lo que estaba haciendo, “alguien que estuvo ahí cuando se le necesitó”.
Libro: CompTIA A+ Certification
Película: 60 Segundos
Canción: Los malaventurados no lloran, PXNDX
Animal: Caballo
Comida: Arepa venezolana